Efectos del Fútbol en el Desarrollo del Niño

Irene Verduzco

En México, el fútbol es considerado el deporte más popular, y es por excelencia motivo de emoción y pasión. Por otro lado, también favorece la integración social a cualquier edad ya sea jugándolo o como rompehielos e iniciador de cualquier conversación.

Para jugarse sólo se necesita un balón, por lo que es un deporte que se juega en cualquier lugar y que no distingue clase social alguna. Es además un deporte fuertemente arraigado en nuestra cultura. Sin embargo, es importante tener en cuenta las siguientes consideraciones.

Así como otros deportes, el fútbol, es un deporte que se juega en equipo y que tiene una serie de reglas necesarias y educativamente significativas. Sin embargo, estas reglas se han establecido de manera convencional a lo largo de la historia y no debido a un fundamento educativo. En su rigidez éstas corresponden a la constitución del alma adulta.

 Para los niños, las reglas sólo son educativamente significativas si ellos pueden experimentarlas y aceptarlas desde su interior.  De primero a tercero de primaria, el juego con reglas resulta de una historia que cuenta la maestra, mientras que de cuarto año a sexto  año de primaria, las reglas las establece la maestra y éstas se van refinando. De esta manera, los niños van experimentando el origen de las reglas.

A partir de séptimo año, los niños atesoran en su experiencia de dónde vienen las reglas y cómo hay que vivir con ellas. Entonces, la maestra puede introducir reglas más complicadas. Educativamente es más significativo si uno comienza estableciendo reglas básicas que poco a poco se van haciendo más refinadas y que responden al nivel de comprensión de los alumnos; así también se va atendiendo al pensamiento causal que empieza en esta etapa.

Kischnick (Kummer, 2002) distingue tres tipos de juegos de pelota.  El primer grupo engloba al fútbol, el hockey y el rugby. En el segundo grupo se encuentran el tenis y el volibol; en donde la pelota es intercambiada entre los jugadores individuales dentro de un mismo equipo y también entre los dos equipos (existe un elemento de mediación). En el tercer grupo se encuentran el softball y el baseball, en los cuales uno juego en equipo pero cada individuo tiene que lograr un determinado propósito comparable con un examen.

En el caso del primer grupo (fútbol, hockey y rugby), el objetivo es meter gol en la portería del oponente, entonces el alma adquiere una tonalidad de la cual pocas veces se tiene conciencia. El fútbol no tendría sentido sin el oponente y sin el objetivo de hacer goles y querer ganar. En este juego es muy importante mantener la pelota en el equipo y bajo control, de manera que hay que burlar al oponente. El jugador juega dentro de una relación hostil y regulada hacia el equipo contrincante.  Esto requiere habilidad para reaccionar y tomar perspectiva y también requiere de un gran entusiasmo para competir. Esto promueve el desarrollo del “egoísmo de grupo” que sólo después de la pubertad se puede promover sin causar consecuencias sociales negativas para el desarrollo del niño.

Las tendencias agresivas y egoístas son, idealmente, desconocidas en la niñez a pesar de que muchos niños hoy en día muestran agresión en su comportamiento. El egoísmo y/o la agresión en la niñez son consecuencia por un lado de que al alma del niño le falta protección, lo que le ocasiona ser muy sensible y susceptible. Por otro lado, es causado por el ejemplo de gente joven violenta y programas de televisión.

Von Heydebrand (Kummer, 2002), en su versión corta del curriculum, refiere a la actitud filantrópica (no egoísta) del alma del niño. Por ello, antes de la pubertad es preferible que los niños jueguen uno CON otro y no uno EN CONTRA de otro.  Los niños en los primeros años siempre miden su destreza, habilidad y capacidad al compararse con sus compañeros de una manera amigable. Educativamente es más sano y tiene un efecto distinto si los niños hacen esto entre ellos de manera espontánea que si lo hacen en relación a un conjunto de reglas y principios establecidos a través de un juego. Esto se debo a que éstos principios y reglas pueden convertirse en una actitud en la vida si son introducidas antes de tiempo.  Si el niño juega fútbol antes de la pubertad, adquirirá unos falsos valores que pueden llevar a un deseo de alcanzar egoístamente sus metas.

Otro aspecto a tener presente es que el fútbol es un juego en el que no se permite el uso de los brazos y las manos, lo cual es algo necesario y habitual para jugar y trabajar. Educativamente hablando esto es cuestionable pues la exclusión de las manos significa una falta de reto y nos ubica en una situación más parcial o unilateral . Usar las manos al jugar, promueve la habilidad de la mano con sus capacidades humanas únicas. Uno puede jugar de manera más vigorosa en al espacio con las manos, jugar con los pies nos pone en un nivel más horizontal.

Debido a que el fútbol se juega exclusivamente con los pies y las piernas, tiende a fomentar movimientos agresivos y ofensivos.  Así mismo, el énfasis en el uso de los pies puede tener un efecto negativo en los niños que tienen dificultad para dirigir su movimiento.  Igualmente incrementa la tendencia de estos niños para dominar a otros con mayores habilidades y destrezas a través de la intimidación utilizando la fuerza. Los niños que están naturalmente dotados de una tendencia hacia movimientos más armónicos están en menor riesgo.

Por otro lado, el fútbol puede ser benéfico para aquellos niños que son muy intelectualmente dirigidos, aprendiendo a usar su energía a través del movimiento de los pies.

Al excluir el impulso natural de jugar con las manos, el fútbol prueba que es un deporte para los jóvenes de entre catorce y vente y un años, pues es necesario acomodar el cuerpo de una determinada manera, para lo cual hay que atener la voluntad a unas limitaciones particulares, como por ejemplo, no tocar el balón con las manos. Como el uso de las manos está prohibido, uno debe hacer un esfuerzo para lograr habilidad del movimiento.

Por esta razón, los niños sólo deben jugar fútbol cuando han dominado formas de movimiento armónico. Esto ocurre alrededor de los doce años, cuando un cierto nivel de madurez se ha adquirido en las funciones de respiración y circulación. Al mismo tiempo, los movimientos del cuerpo se vuelven más fuertemente determinados por la mecánica del esqueleto. Es entonces cuando los músculos están listos para ser entrenados.

Por estas razones es importante introducir a nuestros hijos al fútbol sin correr prisa y cuando estén listos para gozar y aprovechar los beneficios sociales, físicos y de desarrollo que el fútbol nos ofrece. Así como para disfrutar de la emoción y la pasión que este deporte despierta, por lo menos en nuestro país.

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